La isla de Sajalin
La isla de Sajalin La condición de semilibertad de la mujer, su pobreza y su degradación favorecen el desarrollo de la prostitución. Cuando pregunté en Aleksándrovsk si había prostitutas en el lugar, me respondieron: «¡Todas las que quieras!»[185]. Dada la enorme demanda, para ejercer la prostitución no son obstáculo la vejez, ni la fealdad, ni siquiera la sífilis terciaria; tampoco una extremada juventud constituye un impedimento. En una ocasión me encontré en una calle de Aleksándrovsk con una muchacha de dieciséis años que, según cuentan, empezó a ejercer la prostitución a los nueve. Esa muchacha tiene madre, pero la situación familiar de Sajalín está lejos de proteger a una joven del desastre. Se habla de un gitano que vende a sus hijas e incluso regatea. Una mujer de condición libre de Slobodka regenta un «establecimiento» en el que solo operan sus propias hijas. En Aleksándrovsk el libertinaje suele adoptar un carácter urbano. Incluso hay unos «baños familiares» regentados por un judío, y se conocen los nombres de algunos proxenetas.