La isla de Sajalin
La isla de Sajalin Las penas reservadas a los presos y a los colonos culpables de un nuevo crimen se distinguen por su extraordinario rigor. En las páginas que se ocupan de los castigos se pone de manifiesto que nuestro Reglamento de la deportación se encuentra en total desacuerdo con el espíritu de los tiempos y de las leyes. Esos castigos humillan al delincuente, se ensañan con él y contribuyen a su degradación moral. Hace mucho que se consideran perjudiciales para la población libre, pero siguen vigentes para los colonos y los presos, como si la población exiliada estuviera menos sujeta a los peligros del endurecimiento, la insensibilidad y la pérdida definitiva de la dignidad humana. Las varas de abedul, el látigo, los grilletes, el encadenamiento a una carretilla, castigos infamantes, dolorosos, verdaderas torturas, se encuentran ampliamente extendidos. Las varas de abedul y el látigo están previstos para toda clase de delitos, ya sean graves o de escasa importancia; solos o como complemento de otras medidas, constituyen un componente inevitable de cualquier condena.