Tres hermanas
Tres hermanas Entra SOLIONII.
NATASCHA, con una vela en la mano, entra silenciosamente por la puerta de la derecha, atraviesa la escena y sale por la de la izquierda.
MASCHA. —(Sentándose). ¡Anda como si viniera de prender fuego!
OLGA. —¡Qué tonta eres, Mascha…! ¡Perdóname, por favor, pero eres lo más tonto de la familia!
MASCHA. —¡Me dan ganas de hacer una confesión, queridas hermanas…! ¡Tengo una pena en el alma…! ¡Os lo confesaré a vosotras y no volveré ya nunca a confesárselo a nadie…! Voy ahora mismo a decíroslo. (Bajando la voz). ¡Es mi secreto, pero vosotras tenéis que conocerlo! ¡No os lo puedo callar…! ¡Quiero…, quiero…, quiero a ese hombre…! Acabáis de verle… Bueno…, ¿para qué andar con rodeos?… En una palabra: quiero a Verschinin.
OLGA. —(Dirigiéndose a su cama tras el biombo). ¡No digas eso…! ¡Aunque es igual…! ¡No te oigo!
MASCHA. —¡Qué se le va a hacer…! Al principio me parecía extraño…, luego sentí piedad de después le quise…, le quise con su voz, con sus desgracias y con sus dos niñas…
OLGA. —(Detrás del biombo). ¡Es igual…! ¡No te oigo!
