Tres hermanas
Tres hermanas ANDREI. —¡Sólo voy a decir esto, y me iré inmediatamente…! ¡En primer lugar —y en ello me he fijado desde el dÃa mismo de mi boda—, tenéis algo contra Natascha, mi mujer…! ¡Natascha es una persona excelente, honrada, recta y noble…! ¡Ésa es mi opinión…! ¡Quiero a mi mujer y la estimo…! ¿Lo comprendéis?… ¡La estimo y exijo que la estimen también los demás…! ¡Repito que es una persona honrada y noble, y que todo ese descontento vuestro no es más que —perdonadme— capricho…! ¡En segundo lugar, dirÃase que os enfada el que no sea profesor ni me ocupe de las ciencias…! ¡Trabajo, sin embargo, en la Diputación, soy uno de sus miembros directivos, y considero esta ocupación tan sagrada y de tanta altura como el servicio a la ciencia…! ¡Soy miembro directivo y me siento orgulloso de ello, si os interesa saberlo…! (Pausa). En tercer lugar, quiero deciros también que, sin pediros permiso, he hipotecado la casa… Reconozco mi culpa y os pido perdón. Mis deudas, que ascienden a treinta y cinco mil rublos, me obligaron a hacerlo… No he vuelto a jugar a las cartas… Hace tiempo que dejé el juego…, y lo mejor que puedo deciros, en descargo mÃo, es que vosotras, muchachas, percibÃs una pensión, mientras que yo…, en realidad, no ganaba nada…
KULIGUIN. —(Asomando la cabeza por la puerta). ¿No está Mascha por aqu� (Inquieto). ¿Dónde puede estar?… ¡Es raro! (Sale).