Tres hermanas
Tres hermanas VERSCHININ. —¡Si es usted tan buena…! Tengo prisa.
ANFISA. —También yo iré a buscarla. (Llamando a voces). ¡Mascheñka! (Adentrándose con IRINA en el jardín, y en el fondo de éste). ¡Uuuu…!
VERSCHININ. —¡A todo le llega su fin…! ¡Tenemos, pues, que separarnos…! (Mira la hora). La ciudad nos ha obsequiado con un a modo de almuerzo… ¡Se bebió champán, el alcalde pronunció un discurso, y yo estuve comiendo y escuchando mientras mi alma estaba aquí, entre ustedes…! (Paseando la mirada por el jardín). ¡Cómo me había acostumbrado a su compañía…!
OLGA. —¿Volveremos a vernos alguna vez?
VERSCHININ. —Seguramente, no. (Pausa). Mi mujer y mis niñas seguirán aquí todavía un par de meses… ¡Por favor…! ¡Si les ocurriera o necesitaran algo…!
OLGA. —¡Desde luego! ¡Pierda cuidado! ¡Esté tranquilo! (Pausa). ¡Mañana no habrá ya en la ciudad un solo militar…! ¡Todo se volverá recuerdo, mientras para nosotras comenzará, naturalmente, una nueva vida…! (Pausa). Las cosas no salen conforme a nuestro gusto, sino al revés. Yo no quería ser directora, y lo soy… Lo cual quiere decir que no iremos a Moscú.