Tres hermanas
Tres hermanas NATASCHA. —Conque, entonces…, ¿ya mañana me quedo aquà sola? (Suspira). Lo primero que voy a hacer es mandar que quiten esa alameda de abetos…, luego estos álamos. ¡Resultan tan feos al anochecer! (A IRINA). ¡Querida…! ¡No te está nada bien ese cinturón! ¡Es de mal gusto! ¡TendrÃas que ponerte algo clarito…! ¡Después, aquÃ, por todas partes, mandaré plantar florecitas y florecitas, y habrá un olor…! (En tono severo). ¿Qué hace ahà ese tenedor, tirado en ese banco? (A la DONCELLA, entrando en la casa). ¿Por qué, pregunto yo, está ese tenedor en ese banco? (Con un grito). ¡Calle!
KULIGUIN. —Ya está armándola. (Se oyen los compases de una marcha militar).
OLGA. —¡Se van!