Tres hermanas
Tres hermanas VERSCHININ. —¡Vamos…! ¡Conque tienen ustedes muchos conocimientos superfluos! ¡A mí, en cambio, se me figura que no puede existir ciudad, por aburrida y triste que sea, en la que no resulte necesaria la persona inteligente e instruida…! ¡Admitamos que entre los cien mil habitantes de esta ciudad, desde luego atrasada, solo haya tres que se les asemejen…! ¡Naturalmente, serán ustedes incapaces de dominar a la masa oscura que les rodea…! ¡Poco a poco, en el curso de la vida, se verán ustedes obligados a ceder, a perderse en la muchedumbre de las cien mil personas…! ¡La vida les ahogará; pero su existencia, sin embargo, no habrá pasado sin dejar rastro…! ¡Después de ustedes…, iguales a ustedes…, habrá primero seis, luego doce, y así sucesivamente hasta que sea la gente como ustedes la que constituya la mayoría…! ¡Dentro de doscientos o trescientos años, la vida será indescriptiblemente maravillosa! ¡Ésa es la vida que el hombre necesita, y si actualmente no la tiene, ha de presentirla, esperarla, soñar con ella, prepararse para ella…! ¡Por eso, tiene que saber más y ver más de lo que supieron y vieron su padre y su abuelo…! (Riendo). ¡Y usted lamentándose y llamando superfluos a sus conocimientos!
MASCHA. —(Quitándose el sombrero). Me quedo a almorzar.