Tres hermanas
Tres hermanas ANDREI. —¡Bueno…, basta, basta…! (Enjugándose el rostro). No he pegado los ojos en toda la noche, y no me encuentro ahora en caja… Me puse a leer hasta las cuatro; después me eché, pero no conseguí nada… Pensando en esto y en lo otro, llegó el amanecer, y la alcoba se me llenó de sol… Quiero este verano, mientras estoy aquí, traducir un libro del inglés.
VERSCHININ. —¿Lee usted inglés?
ANDREI. —Sí; nuestro padre, que en paz descanse, nos martirizaba con la educación… Resulta cómico y tonto, pero hay que reconocer que desde que murió empecé a engordar… ¡Engordé en un año, como engorda el que le quitan de encima un gran peso…! Gracias a nuestro padre, mis hermanas y yo sabemos francés, inglés, alemán…, e Irina italiano…; pero…, ¡qué no nos costaría!
MASCHA. —¡En una ciudad como ésta, poseer tres idiomas es un lujo inútil…! ¡Ni un lujo siquiera! ¡Un aditamento sobrante…! ¡Tenemos muchos conocimientos superfluos!