Tres hermanas
Tres hermanas IRINA. —¡Nikolai Lvovich…! ¡No me hable de amor!
TUSENBACH. —¡Tengo en el alma una sed ardiente de vida, de lucha, de trabajo…! ¡Sed a la que se une ahora mi amor por usted, Irina…, como ex profeso maravillosa para que la vida me parezca también maravillosa…! ¿En qué piensa?
IRINA. —¡Dice usted que la vida es maravillosa…! Cierto; pero…, ¿no sera que nos lo parece solamente?… ¡Ninguna de nosotras, las tres hermanas, tuvimos una vida maravillosa…! ¡Nuestra vida nos ahogó siempre como la mala hierba…! ¡Me están cayendo las lágrimas…! ¡Esto no debe ser! (Enjugándose rápidamente las mejillas, sonrÃe). ¡Trabajar…! ¡Lo que hay que hacer es trabajar…! ¡Por eso nos falta alegrÃa y tenemos una visión tan sombrÃa de la vida! ¡Porque no conocemos el trabajo! ¡Procedemos de gente que lo despreciaba…! (Entra NATALIA IVANOVNA vestida de rosa y con un cinturón verde).
NATASCHA. —Ya están sentándose para el almuerzo… Llego retrasada. (Lanzándose una ojeada en el espejo y arreglándose el cabello). No estoy mal peinada…, me parece. (Apercibiéndose de la presencia de IRINA). ¡Irina Sergueevna, querida…! ¡Felicidades…! (La besa larga y efusivamente). ¡Tienen ustedes muchos invitados, y eso me azara…! ¡Buenos dÃas, barón!