Tres hermanas
Tres hermanas VERSCHININ. —¡Beberé un poco de esta vodka oscura…! (Bebe). ¡A su salud! (A OLGA). ¡Qué a gusto me encuentro en su casa! (En la sala han quedado solos IRINA y TUSENBACH).
IRINA. —Mascha está hoy de mal humor… ¡Cuando se casó, a los dieciocho años, tenía a su marido por el hombre más inteligente del mundo…! Ahora es distinto… Es el hombre más bueno; pero no el más inteligente.
OLGA. —(Con voz impaciente). ¡Andrei! ¡Ven de una vez!
ANDREI. —¡Ahora mismo voy! (Entra y se dirige a la mesa).
TUSENBACH. —¿En qué piensa usted?
IRINA. —En nada… No me gusta ese Solionii y, además, le tengo miedo. No dice más que majaderías.
TUSENBACH. —Es un hombre raro… A mí me da lástima y me irrita a la vez…, aunque es mayor todavía la lástima que me da… Se me figura que lo que le pasa es que es tímido. Cuando estoy solo con él, le encuentro inteligente, afable…, mientras que en sociedad resulta un bruto… ¡No se marche! ¡Que se sienten…! ¡Déjeme estar a su lado…! ¿En qué piensa? (Pausa). ¡Usted tiene veinte años…; yo aún no he cumplido los treinta…! ¡Cuántos años todavía ante nosotros…! ¡Qué larga hilera de días para llenarla de mi amor hacia usted!