Tres hermanas
Tres hermanas FEDOTIK y RODE entran en el salón, se sientan y canturrean, rasgueando bajito en la guitarra
TUSENBACH. —Entonces, según usted, ¿uno no puede ni siquiera soñar con la felicidad?… Pero ¿y si yo soy feliz?
VERSCHININ. —No.
TUSENBACH. —(Con un gesto de asombro). Desde luego, no nos entendemos. ¿Cómo convencerle? (Mostrándole un dedo a MASCHA, que ríe con risa sosegada). ¡Ríase…! (A VERSCHININ). ¡No digo ya dentro de doscientos o de trescientos años…, dentro de un millón, la vida seguirá siendo como era…! ¡La vida no cambia, permanece inmutable, sujeta a unas leyes propias que nos son ajenas o que, por lo menos, no conoceremos nunca! ¡Los pájaros emigrantes, las grullas, por ejemplo, vuelan y vuelan y, sean grandes o pequeños los pensamientos que vaguen por sus cabezas, seguirán volando siempre, sin saber por qué ni adónde…! Vuelan y vuelan, diciendo de los filósofos que haya entre ellos: «¡Que filosofen cuanto quieran! ¡A nosotros lo que nos importa es volar!».
MASCHA. —¿Y tiene eso algún sentido?
TUSENBACH. —¿Sentido?… Cuando nieva, ¿qué sentido tiene el que nieve? (Pausa).
