Tres hermanas
Tres hermanas FEDOTIK. —¡Qué pena…! ¡Y yo que pensaba pasarme aquí la velada…! ¡Claro que si el nenito está enfermo…! ¡Mañana vendré a traerle unos juguetes!
RODE. —(Con fuerte voz). ¡Hoy, que precisamente me había echado a dormir después de comer, pensando en que iba a estar toda la noche bailando…! ¡Si no son más que las nueve…!
MASCHA. —¡A la calle! ¡Allí hablaremos…! ¡Decidiremos el qué y el cómo…! (Resuena un último: «¡Adiós! ¡Que les vaya bien!», y la risa alegre de TUSENBACH. Salen todos. ANFISA y la doncella levantan la mesa y apagan las luces. Se oye cantar a la niñera. ANDREI, con abrigo y sombrero puestos, entra silenciosamente en escena seguido de CHEBUTIKIN).
CHEBUTIKIN. —¡Mi vida pasó tan rauda como el relámpago, por lo que no me dio nunca tiempo a casarme…! ¡Quería, además, con locura a mi madre, que está casada!
ANDREI. —No hay que casarse… No debe uno casarse, porque es aburrido.
CHEBUTIKIN. —Desde luego que lo espero…, ¿y la soledad?… ¡Bien está filosofar. Y, sin embargo, la soledad es una cosa terrible…! ¡Aunque, en realidad…, qué mas da después de todo!
ANDREI. —Vámonos pronto.
CHEBUTIKIN. —¿Por qué tanta prisa?… Hay tiempo.