Tres hermanas
Tres hermanas SOLIONII. —Hace poco no supe comportarme… ¡Me faltó tacto… pero usted, que no es como los demás…, que tiene sentimientos puros y elevados…, ve la verdad…! ¡Solo usted es capaz de comprenderme…! ¡La quiero…! ¡Tengo por usted un amor profundo! ¡Un amor sin límites!
IRINA. —Adiós… ¡Márchese!
SOLIONII. —¡Sin usted, mi vida es imposible! ¡Oh, mi delicia…! (Con las lágrimas saltadas). ¡Mi felicidad…! ¡Oh maravillosos, magníficos ojos como no vi nunca iguales en ninguna mujer!
IRINA. —(Con frialdad). ¡Deje…, Paul Vasilich!
SOLIONII. —¡Es la primera vez que le hablo del amor que siento por usted, y se me figura que no estoy en la tierra, sino en otro planeta…! (Pasándose la mano por la frente). ¡Es igual, sin embargo! ¡No pueden, naturalmente, quererle a uno a la fuerza…! ¡Eso sí, no tengo que tener rivales…! ¡No tengo que tenerlos…! ¡Le juro, por cuanto me es más sagrado, que mataré a quien sea mi rival…! ¡Oh criatura maravillosa!