Tres hermanas
Tres hermanas VERSCHININ. —¡Pues a mi mujer le dio la ocurrencia de asustarme, y por poco se envenena…! ¡Todo acabó bien, y ahora estoy contento y descansando…! Conque, entonces, ¿hay que marcharse?… Permítanme que les desee una buena noche… ¡Fedor Ilich! ¿Nos vamos a alguna parte?… ¡No puedo estar en mi casa! ¡No puedo! ¿Vamos?
KULIGUIN. —¡Estoy muy cansado…! Me siento incapaz de acompañarle. Y mi mujer…, ¿se fue a casa?
IRINA. —Seguramente.
KULIGUIN. —(Besándole la mano). Adiós. Mañana y pasado tenemos todo el día descanso… Que les vaya bien… (Disponiéndose a salir). ¡Tenía muchas ganas de tomar el té, pensaba pasar la velada en grata compañía y…, pero «fallacem hominum spem»…! Caso acusativo si es con exclamación…
VERSCHININ. —Me voy solo, entonces. (Sale, silbando ligeramente, seguido de KULIGUIN).
OLGA. —¡Me duele la cabeza…! ¡Andrei perdiendo en el juego…, y toda la ciudad hablando de ello…! Voy a echarme un poco. (Poniéndose en movimiento). ¡Mañana tendré el día libre! ¡Pasado mañana, también libre…! ¡Oh, Dios mío…! ¡Qué agradable…! ¡Mañana el día libre…! ¡Me duele la cabeza! (Sale).