Tres hermanas
Tres hermanas ANFISA. —(Rechinando la cabeza sobre el pecho de OLGA). ¡Cariño mío! ¡Preciosa mía…! ¡Yo trabajo…, y me afano…!, pero cuando no me queden fuerzas, puede que me digan: «¡Fuera de aquí…!» ¿Y adónde voy a irme?… ¿Adónde?… ¡Tengo ochenta años…! ¡Ochenta y uno, mejor dicho!
OLGA. —¡Siéntate, amita! ¡Estás cansada, pobrecilla…! (Haciéndola sentarse). ¡Descansa, buenecita mía…! ¡Qué pálida estás!