Tres hermanas
Tres hermanas TUSENBACH. —Aquà no hay nadie que entienda una palabra de música, pero yo, que sà entiendo, les aseguro y les doy mi palabra de honor de que MarÃa Sergueevna toca admirablemente…, como una verdadera artista.
KULIGUIN. —Tiene usted razón, barón… Yo quiero mucho a Mascha… Es muy buena.
TUSENBACH. —¡Tocar tan maravillosamente y tener que reconocer que nadie la comprende!
KULIGUIN. —(Con un suspiro). SÃ…, pero…, ¿estará bien que actúe en un concierto?… (Pausa). Yo no sé… Puede que no esté mal… ¡He de confesar que nuestro director, que es un hombre bueno…, muy bueno, inclusive, y muy inteligente…, tiene algunos puntos de vista…! ¡Claro que el asunto no es cosa suya; pero, de todos modos, si les parece hablar con él! (CHEBUTIKIN coge entre las manos un reloj de porcelana y empieza a examinarlo).
VERSCHININ. —¡Me he puesto sucÃsimo en el fuego! ¡Estoy hecho un adefesio! (Pausa). Ayer llegó a mis oÃdos el rumor de que se querÃa trasladar nuestra brigada a no sé qué sitio muy lejos… Según unos, a Tzarstvo Polskoe, y según otros, a Chita.
TUSENBACH. —Yo también lo he oÃdo decir ¡La ciudad va a vaciarse, entonces, por completo!
IRINA. —¡También nosotras nos vamos!