La cabeza del cesar
La cabeza del cesar –Ya ve, señorita -dijo-, desde el exterior el lugar parece…, bueno es un lugar completamente decente, pero damas como usted, no…, bueno, no piensan asÃ. Nunca entran en estos lugares por propia voluntad, excepto…
–¿Si?-dijo ella.
–Excepto a causa de algunos que no entran precisamente para tomar leche.
–Usted es una persona extraña -dijo la joven-. ¿Qué pretende con todo esto?
–No se preocupe por eso -replicó con cortesÃa-. Sólo adquirir el conocimiento necesario para poder ayudarla, si usted me pide ayuda con toda libertad.
–Pero, ¿por qué iba a necesitar ayuda?.
Él continuó su monólogo soñador.
