Amia
Amia El caso AMIA estuvo profundamente marcado por la intervención de los servicios de inteligencia nacionales e internacionales, cuya actuación no se centró en esclarecer los hechos, sino en dirigir la investigación hacia una conclusión predeterminada. Desde el primer momento, agencias como la CIA, el Mossad, y en menor medida el CESID español, promovieron un relato que culpaba a Irán y a Hezbollah, dejando de lado cualquier indicio que apuntara a otros responsables. Esta injerencia estuvo guiada por intereses geopolíticos que excedían el marco del atentado en sí.
En los días posteriores a la explosión, agentes de la CIA y el Mossad llegaron al país con información que orientó la investigación hacia la existencia de una camioneta Traffic blanca conducida por un suicida. Estas agencias presentaron pruebas que, con el tiempo, se demostraron manipuladas o inexistentes, como grabaciones de comunicaciones y supuestas identificaciones de los autores intelectuales y materiales. La narrativa del atentado como parte de una “guerra santa” se ajustaba a los intereses de Israel y Estados Unidos, que buscaban aislar a Irán en el escenario internacional.
