Búffalo Bill
Búffalo Bill Al anochecer comenzó a formarse una tormenta muy cerrada y a la hora en que me puse en camino, las diez, una llovizna muy molesta y brumosa caÃa sobre la región. Para colmo, era ese un sitio que yo no conocÃa, por lo que mi misión estaba rodeada de serios peligros. AsÃ, luchando contra el viento, la lluvia y la oscuridad, cabalgué unas treinta y cinco millas. Por fin llegó la aurora y me dirigà a un bosquecillo apartado y escondido, donde me guarecà para pasar el dÃa, pues no podÃa atravesar las llanuras a plena luz sin correr el riesgo de ser descubierto. Además, el caballo que montaba era bestia de poca resistencia y pobre velocidad. Dejándolo que pastara a gusto, me senté a rehacer fuerzas comiendo un trozo de jamón, después de lo cual fumé un rato y me eché a dormir con la montura por almohada. De más está que diga que muy pronto y muy justificadamente, después de tan fatigosa jornada, me encontré en el paÃs de los sueños.