Búffalo Bill
Búffalo Bill Y como yo no tenía entonces más que once años de edad, la muerte de este mi primer indio causó una viva sensación.
La banda de pieles rojas, para vengar la muerte de su jefe, hizo una descarga cerrada contra nosotros, pero la oscuridad de la noche, la mala puntería y la distancia la hicieron inútil. Nuestra retirada río abajo no fue ya perpetuada, y pudimos llegar a Fort Kearney justo al toque de diana, con el herido en buenas condiciones.
Después del peligro efectivo que habíamos corrido, nos sentimos bien contentos y aliviados. Inmediatamente después de la llegada, Frank Mac Carthy se dirigió al oficial de guardia del fuerte con el objeto de dar cuenta de nuestra presencia, e informar sobre los sucesos acaecidos durante el viaje y que habían hecho correr tan grave peligro a la partida, como del fracaso de la misión. El comandante del fuerte ordenó que un regimiento de caballería y otro de infantería se dirigieran a Plum Creek a marcha forzada, llevando consigo un obús, para tratar de castigar el malón y recuperar el ganado que nos había sido robado. La firma Russell, Majors y Waddell, propietaria de la tropa de carretas, tenía en el fuerte un agente o representante local, que nos suministró algunas mulas para que pudiéramos acompañar a las tropas y guiarlas al sitio en que habíamos sido sorprendidos por los indios.