Búffalo Bill
Búffalo Bill Durante los brillantes años en que trabajó como scout en las campañas contra los indios, el gran rastreador del Oeste se hallaba constantemente en apuros de dinero. Solía decir —y era rigurosa verdad— que no había nacido ni tenía condiciones para financiero. Cuando tenía dinero lo gastaba como un caballero, no importándole nada la cantidad que fuera. Cierta vez en que se encontraba en gran aprieto, se le ocurrió llevar al teatro, para representarlas él mismo, las costumbres de los llaneros. Presentó su idea a un conocido empresario de circo que la aceptó en el acto. El propio Cody escribió los puntos sobre los cuales un escritor desarrolló el argumento y los diálogos de la pantomima. La primera representación tuvo lugar en Rochester y cuando salió Bill al ruedo con dos amigos más, llaneros como él —pues el empresario quiso que para dar más realidad a la representación no tomaran parte en ella actores profesionales—, cuando apareció en escena Bill con sus amigos, decíamos, fue tal el nerviosismo que se apoderó de los tres, que se quedaron mudos ante el auditorio que llegó a impresionarse tanto como ellos mismos. El empresario, hombre habituado a estos percances de la emoción de los primerizos, viendo que la parálisis que había atacado a sus actores amenazaba con hacer terminar la representación de mala manera, se adelantó y comenzó a hacer preguntas a Bill sobre la vida en el desierto, a lo que nuestro hombre, ya serenado por la actitud del empresario, contestó sin tropiezos. A las preguntas siguieron las demostraciones prácticas sobre usos y costumbres de frontiersmen e indios. A medida que aumentaba el entusiasmo de Bill aumentaba el éxito del diálogo, en el que pronto tomaron parte los otros actores aficionados; y lo que empezó prometiendo ser el más estruendoso fracaso, terminó en un éxito clamoroso. Por cierto que de lo que se había escrito no figuró nada en toda la representación.