Búffalo Bill
Búffalo Bill A pesar de esto, el peligro no había pasado. El humo era espeso y amenazaba servirle a nuestros sitiadores para, ocultándose detrás de él, acercarse y dominarnos merced al mayor número. Mas nosotros habíamos previsto esta contingencia y estábamos alerta, prontos para disparar. Visto que de esta forma tampoco conseguían dominarnos, nos dejaron tranquilos por el resto de la noche, pero a la mañana siguiente, muy temprano, realizaron otra carga, con idéntico éxito que las anteriores, pues fueron rechazados con pérdidas de consideración. Entonces se colocaron como a media milla de distancia, formando una circunferencia, cuyo centro éramos nosotros; desmontaron y se sentaron en el suelo, esperando, sin duda, rendirnos por hambre. Era evidente que el día anterior habían divisado el paso del primer convoy, y creyendo que pertenecíamos a él, nos tomaron por gente escindida del resto de la caravana. Muy lejos estaban de sospechar que poco tiempo pasaría sin que apareciese por el lugar el segundo convoy, precisamente aquel que marchaba bajo las órdenes directas de Simpson.