Búffalo Bill
Búffalo Bill Mi condición de subordinado me impedía contestar, de modo que arrié el pabellón y salí en busca de caza. Tras una corta ausencia regresé y pedí al coronel que mandara buscar una media docena de piezas que yacían sobre la colina.
Pronto dieron cuenta de la carne los muchachos, y el coronel me volvió a pedir que repitiera la caza. Esta vez ni pensé pedirle que mandara recoger las reses muertas. Ensillé y me alejé del campamento, para volver al poco rato arreando una pequeña manada de búfalos, a los que di muerte uno por uno en el mismo campamento. Esta acción mía sorprendió al coronel, que presenció la escena con el ceño fruncido. Naturalmente, no se explicaba por qué no había dado muerte a los búfalos en la pradera. Con cara de enojo, me pidió una explicación:
—Cody, ¿quiere decirme qué es lo que se ha propuesto usted?
—Vea, mi coronel; consideré más práctico traer los búfalos aquí sin molestar a nadie.
Esta contestación me pareció la única acertada para no incurrir en falta de respeto. El coronel, comprendiendo perfectamente mi intención y lo que yo quería decirle, pues su respuesta del día anterior me había ofendido, se alejó sin decir una palabra.