Búffalo Bill
Búffalo Bill —¿Que no es nada? ¿Cómo haremos para bajar con las carretas? —preguntó.
—Déjelo de mi cuenta, general. A usted lo que le interesa es un buen terreno para acampar, ¿verdad? ¿Ese hermoso valle de allà abajo le gusta?
—SÃ, ese sitio es apto. Puedo descender a él con la caballerÃa, pero no creo que lo pueda hacer con el convoy.
—En cuanto estén ustedes acomodados en el campo, también se hallarán allà las carretas; vaya tranquilo, mi general.
—Muy bien, Cody, queda enteramente en sus manos, ya que tanto le gusta andar —me respondió sonriente.
Al instante dio orden de desmontar y que la tropa bajara por la ladera llevando a las cabalgaduras de la brida.
El convoy se hallaba en ese momento como una milla atrás. Al llegar al sitio en que yo lo esperaba, me dijo el jefe de conductores:
—¿Cómo se le ocurre que podrÃamos bajar las carretas?
—Corra, resbale, déjese caer o haga lo que quiera, pero baje —fue mi respuesta.
—Va a ser imposible. Las carretas arrastrarán a los bueyes y las mulas y se producirá un desastre.
—Que los bueyes y las mulas no se pongan, entonces, en el camino de las carretas —fue mi respuesta.