Búffalo Bill
Búffalo Bill Pronto los descubrí y comprobé que llevaban una marcha lenta y que se entretenían en cazar mientras caminaban. Seguimos detrás de ellos unas doce millas y después de cruzar el Beaver, el teniente Ward y yo echamos pie a tierra y arrastrándonos por el suelo trepamos a lo alto de una colina, desde donde podíamos dominar una dilatada extensión del valle. Magnífico punto de observación, pues debajo de nosotros vimos a la tribu que había acampado y terminaban de instalar su aldea. Al parecer estaban perfectamente tranquilos, sin sospechar siquiera que eran vigilados. Cada cual estaba dedicado a su tarea y las mulas y caballos pastaban a su gusto.
Vimos un grupo de indios que entraba al campamento a caballo por su lado izquierdo llevando una buena carga de carne de búfalo.
—Creo que ahora ya no hacemos más que perder el tiempo, teniente —dije a Ward—. Ya tenemos bastante que comunicar al general.
—Tiene usted mucha razón, y cuanto antes nos vayamos será mejor —me contestó.
Descendimos la cuesta a toda carrera y muy pronto nos reunimos con nuestros hombres. El teniente Ward escribió rápidamente una nota para el general Carr y extendiéndosela a un cabo le ordenó que fuera «matando caballo» al encuentro del campamento y la entregara. Luego me dijo: