Búffalo Bill
Búffalo Bill Cuando llegamos al Republican hicimos alto y como la ruta se dirigía cada vez más directamente al este, el general Carr destacó al convoy hacia el fuerte Mac Pherson por el camino más corto, siguiendo la tropa la dirección este, que era la señalada por la huella de los indios.
Pasada la noche, seguimos la marcha. Ese día fue mejor para nosotros, pues avanzamos muy rápidamente, y a ratos alcanzamos a verlos, aunque a bastante distancia todavía.
Pero nos esperaba una sorpresa, que, a pesar de su condición de tal, nos fue beneficiosa.
La compañía que mandaba el mayor se había abierto un poco del grueso de las tropas que en ese momento estaba oculta en una hondonada del terreno, cuando se vio atacada por una partida de unos trescientos sioux. Al aparecer el resto de nosotros, con el general Carr, pudimos llegar eficazmente en su socorro, y los atacantes, que no contaban con este refuerzo para sus enemigos, se batieron en retirada abandonando mucha de su impedimenta y hasta chozas de la aldea cercana. Tan violento fue nuestro atropellado que durante varias millas nuestros caballos pisotearon útiles, ropas y toda clase de artefactos de uso pertenecientes a los fugitivos.