Búffalo Bill
Búffalo Bill Varios días después, hallándonos acampados sobre el río Republican cerca de la desembocadura del Beaver, oímos la característica gritería de los indios, seguida de disparos de arma larga, mezclados a las pisadas de las mulas en fuga, que habían sido llevadas al río para beber. Un boyero llegó a todo galope con una flecha clavada en la espalda. Tenía yo cerca mi caballo y montándolo a pelo y con bozal, partí hacia el lugar donde se hallaban las mulas. Creía ser el primero en acudir, pero no fue así. Los pawnee, sin esperar órdenes, habían saltado sobre sus caballos y al llegar yo ya estaban enfrentándose a una banda como de cincuenta sioux que no esperaban, seguramente, verse atacados por sus acérrimos enemigos. No sabían de la presencia de éstos en el ejército y contaban con los movimientos más lentos de las tropas regulares, para alzarse con las mulas. Ya organizados, emprendimos la persecución durante unas quince millas, matando varios de ellos. En esta cacería de sioux montaba yo un espléndido caballo que me había regalado el coronel Royal, llevándole la delantera a los pawnee durante la primera milla. Pero de repente pasó por mi lado como una centella uno de los scouts pawnee, no dejándome tiempo más que para abrir la boca de admiración. El caballo que montaba era un animal magnífico y cuando lo vi de cerca se me antojó que fuera mío. Terminada la persecución me personé ante el mayor North y le hablé del precioso animal.