Búffalo Bill
Búffalo Bill A la madrugada de ese día nos presentamos al general Miles, que ya estaba a bordo con cuatro o cinco compañías de su regimiento, y quien nos sorprendió al preguntarnos dónde habíamos dejado nuestros caballos. Jamás se me hubiera ocurrido pensar en la necesidad de caballos para una expedición por agua. Sin embargo, el general nos ordenó que los embarcáramos, previendo todas las contingencias.
Poco después estábamos navegando a razón de una milla por hora. El comandante del barco era el capitán Grant Marsh, que me resultó una persona simpatiquísima. Antes de ese momento había oído hablar mucho de él como de uno de los más hábiles navegantes de río del país. Desde nuestro puesto de observación, Richard y yo veíamos deslizarse como volando los accidentes de la costa y los recodos del río, pues la velocidad del barco era realmente fantástica.
Llegados a un determinado lugar nos pareció ver en la costa algo como viviendas de indios y, en ciertos momentos, como indios mismos.