Búffalo Bill
Búffalo Bill El capitán Marsh detuvo el barco y desembarcamos. Fue falsa alarma. Lo que nos había parecido una aldea piel-roja resultaron ser sepulcros de indios. Los cuerpos que allí yacían depositados sobre sendas tablas, según la costumbre india, habían sido despojados de sus ropas por los cuervos y los restos de aquéllas, al ser agitados por el viento, hacían confundir los mortales despojos con seres vivientes.
Al llegar a Glendive Creek hallamos allí al coronel Rice con su compañía, perteneciente al 5.° de Caballería que había sido destacado por el general Miles. Con ayuda de su «trowel Bayonet», arma y útil de labranza y construcción a la vez, de su invención, y sobre todo muy apta para cavar trincheras, había levantado una fortificación bastante eficaz. El día anterior a nuestra llegada, el coronel Rice había tenido que sostener una batalla con un grupo de indios, dando muerte a tres de éstos con su cañón Rodman.
El Far West que nos había llevado debía permanecer toda la noche en Glendive y el general Miles, deseando enviar un mensaje al general Terry, me rogó que lo llevara yo. Tomé los despachos y cabalgué setenta y cinco millas a través de los malos caminos del Yellowstone, llegando al campo del general Terry a la mañana siguiente, después de haberme expuesto a romperme el pescuezo veinte veces durante la noche.