Pinocho
Pinocho —¡Déjame! ¡Me haces cosquillas por todo el cuerpo!
Esta vez el pobre maestro Cereza cayó como fulminado. Cuando volvió a abrir los ojos, estaba sentado sobre el piso.
ParecÃa trastornado e incluso la punta de la nariz, que era tan rojiza siempre, se le puso blanca del susto tan terrible.