Nunca Más
Nunca Más De allà eran llevados al quirófano o sala de torturas y el miedo se habÃa convertido en terror y desesperación.
"Durante el interrogatorio pude escuchar los gritos de mi hermano y de su novia, cuyas voces pude distinguir perfectamente" (Nora Strejilevich - Legajo N° 2535).
Una vez que se detenÃa momentáneamente la primera sesión de "ablande" algunos eran llevados casi a la rastra a la "enfermerÃa" y luego a la "leonera" o directamente a los "tubos". En los tobillos se les colocaban unas cadenas, cerradas con candados de cuya enumeración era imprescindible acordarse, ya que, si no, corrÃan el riesgo, cuando eran trasladados al baño, de no obtener las llaves correspondientes que los abrieran. Entre el tabique que impedÃa casi totalmente la visión, los grillos en los pies, además de la cara y de la partes más visibles del cuerpo llenas de hematomas, magulladuras y heridas abiertas -amén de la ropa que se le asignaba a cada uno- la imagen de estos seres sometidos a condiciones infrahumanas es un recuerdo lacerante para cada uno de los escasos sobrevivientes.