El Sabueso de los Baskerville
El Sabueso de los Baskerville —No; no disponemos de ninguna nueva información —dijo el doctor Mortimer en respuesta a las preguntas de Holmes—. De una cosa estoy seguro, y es que no nos han seguido durante los dos últimos dÃas. No hemos salido nunca sin mantener una estrecha vigilancia y nadie nos hubiera pasado inadvertido.
—Espero que hayan permanecido siempre juntos.
—Excepto ayer por la tarde. Suelo dedicar un dÃa a la diversión cuando vengo a Londres, de manera que pasé la tarde en el museo del Colegio de Cirujanos.
—Y yo fui a pasear por el parque y a ver a la gente —dijo Baskerville—. Pero no tuvimos problemas de ninguna clase.
—Fue una imprudencia de todas formas —dijo Holmes, moviendo la cabeza y poniéndose muy serio—. Le ruego, Sir Henry, que no vaya solo a ningún sitio. Le puede suceder una gran desgracia si lo hace. ¿Recuperó usted la otra bota?
—No, señor; ha desaparecido definitivamente.
—Vaya, vaya. Eso es muy interesante. Bien, hasta la vista —añadió mientras el tren empezaba a deslizarse—. Recuerde, Sir Henry, una de las frases de aquella extraña leyenda antigua que nos leyó el doctor Mortimer y evite el páramo en las horas de oscuridad, cuando se intensifican los poderes del mal.