El Sabueso de los Baskerville
El Sabueso de los Baskerville TenÃamos delante una pronunciada pendiente cubierta de brezos, una avanzadilla del páramo. En lo más alto, tan destacado y tan preciso como una estatua ecuestre sobre su pedestal, vimos a un soldado a caballo, sombrÃo y austero, el rifle preparado sobre el antebrazo. Estaba vigilando la carretera por la que circulábamos.
—¿Qué es lo que sucede, Perkins? —preguntó el doctor Mortimer.
El cochero se volvió a medias en su asiento.
—Se ha escapado un preso de Princetown, señor. Ya lleva tres dÃas en libertad y los guardianes vigilan todas las carreteras y las estaciones, pero hasta ahora no han dado con él. A los agricultores de la zona no les gusta nada lo que pasa, se lo aseguro.
—Bueno, según tengo entendido, se les recompensará con cinco libras si proporcionan alguna información.
—Es cierto, señor, pero la posibilidad de ganar cinco libras es muy poca cosa comparada con el temor a que te corten el cuello. Porque no se trata de un preso corriente. Es un individuo que no se detendrÃa ante nada.
—¿De quién se trata?
—Selden, señor: el asesino de Notting Hill.