El Sabueso de los Baskerville
El Sabueso de los Baskerville HabÃamos llegado a un punto donde un estrecho sendero cubierto de hierba se separaba de la carretera para internarse en el páramo. A la derecha quedaba una empinada colina salpicada de rocas que en tiempos remotos se habÃa utilizado como cantera de granito. La cara que estaba vuelta hacia nosotros formaba una sombrÃa escarpadura, en cuyos nichos crecÃan helechos y zarzas. Por encima de una distante elevación se alzaba un penacho gris de humo.
—Un paseo no demasiado largo por esta senda del páramo nos llevará hasta la casa Merripit —dijo mi acompañante—. Si dispone usted de una hora, tendré el placer de presentarle a mi hermana.
Lo primero que pensé fue que mi deber era estar al lado de Sir Henry, pero a continuación recordé los muchos documentos y facturas que abarrotaban la mesa de su estudio. Era indudable que yo no podÃa ayudarlo en aquella tarea. Y Holmes me habÃa pedido expresamente que estudiara a los vecinos del baronet. Acepté la invitación de Stapleton y torcimos juntos por el sendero.
—El páramo es un lugar maravilloso —dijo mi interlocutor, recorriendo con la vista las ondulantes lomas, semejantes a grandes olas verdes, con crestas de granito dentado que formaban con su espuma figuras fantásticas—. Nunca cansa. No es posible imaginar los increÃbles secretos que contiene. ¡Es tan vasto, tan estéril, tan misterioso!