El Sabueso de los Baskerville
El Sabueso de los Baskerville —Observará usted, además, que no podÃa formar parte del personal permanente del hospital, ya que tan sólo se nombra para esos puestos a profesionales experimentados, con una buena clientela en Londres, y un médico de esas caracterÃsticas no se marcharÃa después a un pueblo. ¿Qué era, en ese caso? Si trabajaba en el hospital sin haberse incorporado al personal permanente, sólo podÃa ser cirujano o médico interno: poco más que estudiante posgraduado. Y se marchó hace cinco años; la fecha está en el bastón. De manera que su médico de cabecera, persona seria y de mediana edad, se esfuma, mi querido Watson, y aparece en su lugar un joven que no ha cumplido aún la treintena, afable, poco ambicioso, distraÃdo, y dueño de un perro por el que siente gran afecto y que describiré aproximadamente como más grande que un terrier pero más pequeño que un mastÃn.
Yo me eché a reÃr con incredulidad mientras Sherlock Holmes se recostaba en el sofá y enviaba hacia el techo temblorosos anillos de humo.
—En cuanto a sus últimas afirmaciones, carezco de medios para rebatirlas —dije—, pero al menos no nos será difÃcil encontrar algunos datos sobre la edad y trayectoria profesional de nuestro hombre.