El Sabueso de los Baskerville
El Sabueso de los Baskerville —Pero ¿qué interés encuentra en un sitio tan espantoso?
—¿Ve usted aquellas colinas a lo lejos? Son en realidad islas separadas del resto por la ciénaga infranqueable, que ha ido rodeándolas con el paso de los años. Allà es donde se encuentran las plantas raras y las mariposas, si es usted lo bastante hábil para llegar.
—Algún dÃa probaré suerte.
Stapleton me miró sorprendido.
—¡Por el amor de Dios, ni se le ocurra pensarlo! —dijo—. Su sangre caerÃa sobre mi cabeza. Le aseguro que no existe la menor posibilidad de que regrese con vida. Yo lo consigo únicamente gracias a recordar ciertas señales de gran complejidad.
—¡Caramba! —exclamé—. ¿Qué es eso?
Un largo gemido muy profundo, indescriptiblemente triste, se extendió por el páramo. Aunque llenaba el aire, resultaba imposible decir de dónde procedÃa. De un murmullo apagado pasó a convertirse en un hondÃsimo rugido, para volver de nuevo al murmullo melancólico. Stapleton me miró con una expresión peculiar.
—¡Extraño lugar el páramo! —dijo.
—Pero ¿qué era eso?
—Los campesinos dicen que es el sabueso de los Baskerville reclamando su presa. Lo habÃa oÃdo antes una o dos veces, pero nunca con tanta claridad.