El Sabueso de los Baskerville
El Sabueso de los Baskerville —He corrido todo el camino para alcanzarlo, doctor Watson —me dijo— y me ha faltado hasta tiempo para ponerme el sombrero. No puedo detenerme porque de lo contrario mi hermano repararÃa en mi ausencia. QuerÃa decirle lo mucho que siento la estúpida equivocación que he cometido al confundirle con Sir Henry. Haga el favor de olvidar mis palabras, que no tienen ninguna aplicación en su caso.
—Pero no puedo olvidarlas, señorita Stapleton —respond×. Soy amigo de Sir Henry y su bienestar es de gran importancia para mÃ. DÃgame por qué estaba usted tan deseosa de que Sir Henry regresara a Londres.

—Un simple capricho de mujer, doctor Watson. Cuando me conozca mejor comprenderá que no siempre puedo dar razón de lo que digo o hago.
—No, no. Recuerdo el temblor de su voz. Recuerdo la expresión de sus ojos. Por favor, sea sincera conmigo, señorita Stapleton, porque desde que estoy aquà tengo la sensación de vivir rodeado de sombras. Mi existencia se ha convertido en algo parecido a la gran ciénaga de Grimpen: abundan por todas partes las manchas verdes que ceden bajo los pies y carezco de guÃa que me señale el camino. DÃgame, por favor, a qué se referÃa usted, y le prometo transmitir la advertencia a Sir Henry.