El Sabueso de los Baskerville
El Sabueso de los Baskerville »El otro dÃa —el jueves, para ser más precisos— almorzó con nosotros el doctor Mortimer. Ha realizado excavaciones en un túmulo funerario de Long Down y está muy contento por el hallazgo de un cráneo prehistórico. ¡No ha habido nunca un entusiasta tan resuelto como él! Los Stapleton se presentaron después, y el bueno del doctor nos llevó a todos al paseo de los Tejos, a petición de Sir Henry, para mostrarnos exactamente cómo sucedió la tragedia aquella noche aciaga. El paseo de los Tejos es un camino muy largo y sombrÃo entre dos altas paredes de seto recortado, con una estrecha franja de hierba a ambos lados. En el extremo más distante se halla un pabellón de verano, viejo y ruinoso. A mitad de camino está el portillo que da al páramo, donde el anciano caballero dejó caer la ceniza de su cigarro puro. Se trata de un portillo de madera, pintado de blanco, con un pestillo. Del otro lado se extiende el vasto páramo. Yo me acordaba de su teorÃa y traté de imaginar todo lo ocurrido. Mientras Sir Charles estaba allà vio algo que se acercaba atravesando el páramo, algo que le aterrorizó hasta el punto de hacerle perder la cabeza, por lo que corrió y corrió hasta morir de puro horror y agotamiento. TenÃamos delante el largo y melancólico túnel de césped por el que huyó. Pero ¿de qué? ¿De un perro pastor del páramo? ¿O de un sabueso espectral, negro, enorme y silencioso? ¿Hubo intervención humana en el asunto? ¿Acaso Barrymore, tan pálido y siempre vigilante, sabe más de lo que contó? Todo resulta muy confuso y vago, pero siempre aparece detrás la oscura sombra del delito.