El Sabueso de los Baskerville
El Sabueso de los Baskerville »—No consigo entender el objeto de su pregunta de esta mañana, Sir Henry —dijo—. Espero que no signifique que mi comportamiento le ha llevado a perder su confianza en mÃ.
»Sir Henry le aseguró que no era ése el caso y lo aplacó regalándole buena parte de su antiguo vestuario, dado que habÃa llegado ya el nuevo equipo encargado en Londres.
»La señora Barrymore me interesa mucho. Es una mujer corpulenta, no demasiado brillante, muy respetuosa y con inclinación al puritanismo. Es difÃcil imaginar una persona menos propensa, en apariencia, a excesos emotivos. Y, sin embargo, tal como ya le he contado a usted, la oà sollozar amargamente durante nuestra primera noche aquà y desde entonces he observado en más de una ocasión huellas de lágrimas en su rostro. Alguna honda aflicción le desgarra sin tregua el corazón. A veces me pregunto si la obsesiona el recuerdo de alguna culpa y en otras ocasiones sospecho que Barrymore puede ser un tirano en el seno de su familia. Siempre he tenido la impresión de que habÃa algo singular y dudoso en el carácter de este hombre, pero la aventura de la noche pasada ha servido para dar cuerpo a mis sospechas.