El Sabueso de los Baskerville
El Sabueso de los Baskerville »Yo no lograba entender lo que significaba todo aquello, pero estaba muy avergonzado por haber presenciado una escena tan Ãntima sin que mi amigo lo supiera. De manera que corrà colina abajo hasta reunirme con él. Sir Henry tenÃa el rostro encendido por la cólera y fruncÃa el ceño como alguien que no sabe en absoluto qué hacer.
»—¡Vaya, Watson! ¿De dónde sale usted? —me preguntó—. ¿No irá a decirme que me ha seguido a pesar de todo?
»Le expliqué lo sucedido: cómo me habÃa parecido imperdonable quedarme atrás, cómo le habÃa seguido y cómo habÃa presenciado todo lo ocurrido. Por un instante los ojos le echaron llamas, pero mi franqueza lo desarmó y al final se echó a reÃr de una manera bastante triste.
»—Cualquiera hubiera creÃdo que el centro de esa llanura era un sitio suficientemente apartado —dijo—, pero, voto a brÃos, se dirÃa que todos los habitantes de la zona habÃan salido a verme cortejar…, ¡y además con muy poco acierto! ¿Dónde tenÃa usted reservado el asiento?
»—Estaba en esa colina.
»—Una de las últimas filas, ¿no es cierto? Pero Stapleton estaba mucho más cerca. ¿Lo vio acercarse a nosotros?
»—Efectivamente.