El Sabueso de los Baskerville
El Sabueso de los Baskerville »—No lo sé, señor. Le pido a Dios que se haya ido, porque a nosotros no nos ha causado más que problemas. No he sabido nada de él desde que le dejé comida la última vez, y de eso hace ya tres dÃas.

»—¿Usted lo vio?
»—No, señor; pero la comida habÃa desaparecido cuando volvà a pasar por allÃ.
»—Entonces, ¿es seguro que sigue en el páramo?
»—Parece lo lógico, señor, a no ser que se la haya llevado el otro.
»No terminé de llevarme la taza a la boca y miré fijamente a Barrymore.
»—Entonces, ¿usted sabe que hay otro hombre?
»—SÃ, señor; hay otro hombre en el páramo.
»—¿Lo ha visto?
»—No, señor.
»—¿Cómo sabe de su existencia?
»—Selden me habló de él hace una semana o poco más. También se esconde, pero no es un preso, por lo que he podido deducir. No me gusta nada, doctor Watson; le digo con toda sinceridad que no me gusta nada —hablaba con repentina vehemencia.