El Sabueso de los Baskerville
El Sabueso de los Baskerville No era probable que mintiera al decir que no había estado en la mansión de los Baskerville, dado que se necesitaba un cabriolé para llegar hasta allí, y que tendría que haber regresado a Coombe Tracey de madrugada, lo que hacía imposible mantener el secreto sobre una expedición de tales características. Lo más probable era, por consiguiente, que dijera la verdad o, por lo menos, parte de la verdad. Me marché desconcertado y desanimado.
Una vez más me tropezaba con la misma barrera infranqueable que parecía interponerse en mi camino cada vez que trataba de alcanzar el objetivo de mi misión. Y, sin embargo, cuanto más pensaba en el rostro de la dama y en su actitud, más seguro estaba de que ocultaba algo. ¿Por qué había palidecido tanto? ¿Por qué se resistió a reconocer lo sucedido hasta que se vio forzada a hacerlo? ¿Por qué tendría que haberse mostrado tan reservada en el momento de la tragedia? Con toda seguridad la explicación no era tan inocente como pretendía hacerme creer. De momento no podía avanzar más en aquella dirección y debía regresar a los refugios del páramo en busca de la otra pista.