El Sabueso de los Baskerville
El Sabueso de los Baskerville —Pero, dÃgame, ¿cómo va el caso? —preguntó el baronet—. ¿Ha encontrado usted algún cabo que permita desenredar este embrollo? Creo que ni Watson ni yo sabemos ahora mucho más de lo que sabÃamos al llegar de Londres.
—Me parece que dentro de poco estaré en condiciones de aclararle en gran medida la situación. Ha sido un asunto extraordinariamente difÃcil y complicado. Quedan varios puntos sobre los que aún necesitamos nuevas luces, pero llevaremos el caso a buen término de todos modos.
—Como sin duda Watson le habrá contado ya, hemos tenido una extraña experiencia. OÃmos al sabueso en el páramo, por lo que estoy dispuesto a jurar que no todo es superstición vacÃa. Tuve alguna relación con perros cuando vivà en el Oeste americano y reconozco sus voces cuando las oigo. Si es usted capaz de poner a ése un bozal y de atarlo con una cadena, estaré dispuesto a afirmar que es el mejor detective de todos los tiempos.
—No abrigo la menor duda de que le pondré el bozal y la cadena si usted me ayuda.
—Haré todo lo que me diga.
—De acuerdo, pero le voy a pedir además que me obedezca a ciegas, sin preguntar las razones.
—Como usted quiera.