El Sabueso de los Baskerville
El Sabueso de los Baskerville Debido a la presencia del cochero no hablábamos con libertad y nos veÃamos forzados a conversar sobre temas triviales mientras la emoción y la esperanza tensaban nuestros nervios. Después de aquella forzada reserva me supuso un gran alivio dejar atrás la casa de Frankland y saber que nos acercábamos a la mansión de los Baskerville y al escenario de la acción. En lugar de llegar en coche hasta la casa nos apeamos junto al portón al comienzo de la avenida. Despedimos a la tartana y ordenamos al cochero que regresara a Coombe Tracey de inmediato, al mismo tiempo que nos ponÃamos en camino hacia la casa Merripit.

—¿Va usted armado, Lestrade?
—Siempre que me pongo los pantalones dispongo de un bolsillo trasero —respondió con una sonrisa el detective de corta estatura— y siempre que dispongo de un bolsillo trasero llevo algo dentro.
—¡Bien! También mi amigo y yo estamos preparados para cualquier emergencia.
—Se muestra usted muy reservado acerca de este asunto, señor Holmes. ¿A qué vamos a jugar ahora?
—Jugaremos a esperar.