El Sabueso de los Baskerville
El Sabueso de los Baskerville 
—Si nuestro amigo tarda más de un cuarto de hora en salir la niebla cubrirá el sendero. Y dentro de media hora no nos veremos ni las manos.
—¿Y si nos situáramos a más altura?
—SÃ; creo que no estarÃa de más.
De manera que nos alejamos hasta unos ochocientos metros de la casa, si bien el espeso mar blanco, su superficie plateada por la luna, seguÃa avanzando lenta pero inexorablemente:
—Hemos de quedarnos aquà —dijo Holmes—. No podemos correr el riesgo de que Sir Henry sea alcanzado antes de llegar a nuestra altura. Hay que mantener esta posición a toda costa —se dejó caer de rodillas y pegó el oÃdo al suelo—. Me parece que le oigo venir, gracias a Dios.