El Sabueso de los Baskerville
El Sabueso de los Baskerville —Me han salvado la vida.
—Después de ponerla en peligro. ¿Tiene usted fuerzas para levantarse?
—Denme otro sorbo de ese brandy y estaré listo para cualquier cosa. ¡Bien! Ayúdenme a levantarme. ¿Qué se propone hacer ahora, señor Holmes?
—A usted vamos a dejarlo aquÃ. No está en condiciones de correr más aventuras esta noche. Si hace el favor de esperar, uno de nosotros volverá con usted a la mansión.
El baronet logró ponerse en pie con dificultad, pero aún seguÃa horrorosamente pálido y temblaba de pies a cabeza. Lo llevamos hasta una roca, donde se sentó con el rostro entre las manos y el cuerpo estremecido.
—Ahora tenemos que dejarlo —dijo Holmes—. Hemos de acabar el trabajo y no hay un momento que perder.
Ya tenemos las pruebas; sólo nos falta nuestro hombre. Hay una probabilidad entre mil de que lo hallemos en la casa —siguió mi amigo, mientras regresábamos a toda velocidad por el camino—. Sin duda los disparos le han hecho saber que ha perdido la partida.
—Estábamos algo lejos y la niebla ha podido amortiguar el ruido.
—Tenga usted la seguridad de que seguÃa al sabueso para llamarlo cuando terminara su tarea. No, no; se habrá marchado ya, pero lo registraremos todo y nos aseguraremos.