El Sabueso de los Baskerville
El Sabueso de los Baskerville 
—El baño de barro estaba justificado —dijo Holmes—. Es la bota perdida de nuestro amigo Sir Henry.
—Arrojada aquà por Stapleton en su huida.
—En efecto. Siguió con ella en la mano después de utilizarla para poner al sabueso en la pista del baronet.
Luego, todavÃa empuñando la bota, escapó al darse cuenta de que habÃa perdido la partida. Y la arrojó lejos de sà en este sitio durante su huida. Ya sabemos al menos que logró llegar hasta aquÃ.
Pero no estábamos destinados a saber nada más, aunque pudimos deducir muchas otras cosas. No existÃa la menor posibilidad de encontrar huellas en el pantano, porque el barro que se alzaba con cada pisada las cubrÃa rápidamente y, aunque las buscamos ávidamente cuando por fin llegamos a tierra firme, nunca encontramos ni el menor rastro. Si la tierra nos contó una historia verdadera, hay que creer que Stapleton nunca llegó a la isla que aquella última noche trató de alcanzar entre la niebla y en la que esperaba refugiarse. Hundido en algún lugar del corazón de la gran ciénaga, en el fétido limo del enorme pantano que se lo habÃa tragado, quedó enterrado para siempre aquel hombre frÃo de corazón despiadado.