El Sabueso de los Baskerville
El Sabueso de los Baskerville —¿Estoy en lo cierto?
—Desde luego, pero ¿cómo…?
A Holmes le hizo reÃr mi expresión de desconcierto.
—Hay en usted cierta agradable inocencia, Watson, que convierte en un placer el ejercicio, a costa suya, de mis modestas facultades de deducción. Un caballero sale de casa un dÃa lluvioso en el que las calles se llenan de barro y regresa por la noche inmaculado, con el brillo del sombrero y de los zapatos todavÃa intacto. Eso significa que no se ha movido en todo el tiempo. No es un hombre que tenga amigos Ãntimos. ¿Dónde puede haber estado, por lo tanto? ¿No es evidente?
—SÃ, bastante.
—El mundo está lleno de cosas evidentes en las que nadie se fija ni por casualidad. ¿Dónde se imagina usted que he estado yo?
—Tampoco se ha movido.
—Muy al contrario, porque he estado en Devonshire.

—¿En espÃritu?