El Sabueso de los Baskerville
El Sabueso de los Baskerville —Al descubrir el coche de alquiler debería haber dado la vuelta y haberme alejado, para, a continuación, alquilar con toda calma un segundo cabriolé y seguir al primero a una distancia prudente o, mejor aún, trasladarme al hotel Northumberland y esperar allí. Después de que el desconocido hubiera seguido a Baskerville hasta su casa habríamos tenido la oportunidad de jugar a su mismo juego y ver a dónde se dirigía él. Pero, debido a una impaciencia indiscreta, de la que nuestro contrincante ha sabido aprovecharse con extraordinaria celeridad y energía, nos hemos traicionado y lo hemos perdido.
Durante esta conversación habíamos seguido avanzando lentamente por Regent Street y ya hacía tiempo que el doctor Mortimer y su acompañante se habían perdido de vista.
—No tiene objeto que continuemos —dijo Holmes—. La persona que los seguía se ha marchado y no reaparecerá. Hemos de ver si disponemos de otros triunfos y jugarlos con decisión. ¿Reconocería usted el rostro del hombre que iba en el cabriolé?
—Sólo reconocería la barba.
—Lo mismo me sucede a mí, por lo que deduzco que, con toda probabilidad, era una barba postiza. Un hombre inteligente que lleva a cabo una misión tan delicada sólo utiliza una barba para dificultar su identificación. ¡Venga conmigo, Watson!