El Sabueso de los Baskerville
El Sabueso de los Baskerville —Me parece que me han tomado por tonto en este hotel —exclamó—. Pero como no tengan cuidado descubrirán muy pronto que donde las dan las toman. Por todos los demonios, si ese tipo no encuentra la bota que me falta, aquà va a haber más que palabras. Sé aceptar una broma como el que más, señor Holmes, pero esto ya pasa de castaño oscuro.
—¿Aún sigue buscando la bota?
—Asà es, y estoy decidido a encontrarla.
—Pero ¿no dijo usted que era una bota nueva de color marrón?
—Asà era, señor mÃo. Y ahora se trata de otra negra y vieja.
—¡Cómo! ¿Quiere usted decir…?
—Eso es exactamente lo que quiero decir. Sólo tenÃa tres pares…, las marrones nuevas, las negras viejas y los zapatos de charol, que son los que llevo puestos. Anoche se llevaron una marrón y hoy me ha desaparecido una negra. Veamos, ¿la ha encontrado usted? ¡Hable, caramba, y no se me quede mirando!

HabÃa aparecido en escena un camarero alemán presa de gran nerviosismo.
—No, señor; he preguntado por todo el hotel, pero nadie sabe nada.